domingo, 18 de diciembre de 2011

Lo que escribe alguien un domingo aburrido...

NADIE AFUERA
Efraim Medina Reyes


No sé que hacen los otros un domingo; tendido en el sofá observo el techo y busco una razón para no pegarme un tiro. El domingo es una dura experiencia, una prueba de fuego a la imaginación. Antes me deprimía y ya era algo, ahora sólo me quedo inmóvil soportando mi humanidad. ¿Qué es todo esto? No hay nadie afuera, soy la última sombra en un mundo de sombras. Como no tengo una pistola optó por masturbarme y mientras lo hago elimino recuerdos e imágenes. El ligero placer anula los detalles, se trata de quemar el mayor tiempo posible. Y me demoro allí, aferrado a esa última opción. Si pienso en qué cosa soy y que haré las justificaciones sobran, pero no intento justificarme. Suspendido en esa delgada línea entre el placer y el asco me pregunto dónde dejé a Efraim Medina sin esperar respuesta. Me levantó del sofá y voy a la ducha, el agua caliente arrastra mis detritus por el desagüe. ¿Qué es todo esto? Afuera el silencio camina en sus zapatos tenis y millones de personas no se conocerán jamás. A través de la ventana veo la luz del atardecer. Bajó, enciendo la tele y viajo por los canales. Me detengo en el 414 para ver un guepardo persiguiendo un antílope. El domingo persiste y mi interruptor de placer sigue en off. Observo la fotografía de una chica desnuda que sostiene un enorme diamante, en vez de una sensación erótica me hace sentir triste. ¿Cómo se llamará esa chica? No hay nadie afuera, también yo soy una foto borrosa en el álbum de recuerdos de Dios.




Autor:Efraim Medina Reyes

martes, 13 de diciembre de 2011

La nueva guerra

En uso de razón

Hernando Gómez Buendía


¿Estamos a las puertas de la paz, o una nueva guerra se gesta en los campos de Colombia, ahora propulsada por la riqueza minera?



Hace diez años los profesores Paul Collier y Anke Hoeffler publicaron un artículo famoso y muy controvertido sobre las causas de las guerras civiles o los “conflictos armados internos” en distintas regiones del mundo. Examinaron 68 guerras que tuvieron lugar entre 1960 y 1999, y concluyeron que la “avaricia” (greed) es mucho más importante que la “convicción” (creed) como motor del conflicto: la gente no pelea por ideales políticos sino ante todo por hacerse al control de la riqueza.

Subrayo el ante todo porque los datos confirman que sí hay algunos conflictos ideológicos o que muchos incluyen aspectos ideológicos, de modo que aquella conclusión no descarta de entrada la presencia o importancia del ideario político y de las luchas sociales en el origen y la evolución de un conflicto específico –por ejemplo el conflicto colombiano–.

Y aquí arranca la polémica que hace tiempo divide a los “violentólogos”: si el conflicto en Colombia tiene una causa única (el “terrorismo” o el “narcoterrorismo”, como lo decidieron Uribe y sus adláteres), o si se trata de un asunto complejo, con raíces y facetas diversas y cambiantes en distintos etapas y en distintas regiones del país –la tesis del Informe Callejón con salida que dirigí en la época y me costó la salida de otras partes.

Ese debate es sin duda el decisivo, porque el remedio depende de cómo se diagnostique la enfermedad.

Pero vuelvo a la avaricia, que sin duda pesa mucho en la dinámica del conflicto, o mejor, de los conflictos internos en Colombia. Unas veces para enriquecerse y otras para financiar la guerra (que no es lo mismo), los actores armados han vivido detrás de las bonanzas, y por eso no sorprende que “la Violencia” de los cincuenta y sesenta se hubiera concentrado en las regiones cafeteras, y que la guerra se hubiera ido trasladando hacia las zonas petroleras en Santander o en Arauca, o hacia las esmeraldas en Boyacá, el banano en Urabá, la tierra valorizada del Magdalena Medio, el carbón en el Cesar, los secuestros donde hay ricos, las regalías donde llegan, la coca en la Orinoquía o la amapola en el Cauca.

Es más: si uno sigue el argumento Collier-Hoeffler, resulta que los países que dependen casi completamente de un recurso natural (como es el caso, digamos, de Arabia Saudita) no suelen tener conflictos internos sino gobiernos fuertes que, por serlo, impiden que prospere la insurgencia. El conflicto se da cuando hay bonanzas pero el Estado no es lo suficientemente rico para asfixiarlo –como en Colombia–; cuando hay partes del territorio donde el Estado no existe –como en Colombia–; cuando se viene de guerras o semiguerras mal resueltas que dejaron heridas, hombres y armas por ahí regados y listos para engancharse en una nueva guerra –como en Colombia–.

Es éste nuestro karma: una guerra civil a muchas bandas y con muchos actores que viene dando tumbos desde siempre o, en todo caso, desde hace medio siglo y que no logramos resolver precisamente porque viene a ser la suma y el revuelto y la destilación de muchas guerras que se cruzan.

Por eso creo yo que este conflicto –estos conflictos– ha durado tanto tiempo, y por eso no han funcionado o han funcionado a medias los intentos simplistas –o simplificadores– para ponerle coto:

1. Ése fue el caso del Frente Nacional, pactado para ponerle fin a la violencia entre los dos partidos, y que sin duda nos trajo alguna paz. Pero la violencia no era solo partidista y quedaron “rescoldos” tan de bulto como la tenencia de la tierra o los conflictos de la colonización campesina, que mantendrían vivas a las guerrillas entonces marginales que luego habrían de convertirse en las Farc.

2. Ése también fue el caso de la Seguridad Democrática, que se montó para acabar el “narcoterrorismo” de las Farc y que sin duda logró golpearlas con dureza y reducir sensiblemente los secuestros, los homicidios o las “tomas” de pequeñas poblaciones. Pero el diagnóstico otra vez fue simplista porque ni todo el conflicto era “narcoterrorismo” ni las Farc eran el único actor de la violencia. Y nos quedamos con “rescoldos” tan protuberantes como la vieja cuestión de la tierra –esta vez agravada por la contrarreforma agraria de los paramilitares y la ola gigante de los desplazados–.

En estas circunstancias, digamos, de Farc debilitadas, paras blanqueados por el supuesto mecanismo de “Justicia y Paz”, bacrim en expansión, narcos dispersos en minicarteles y Ejército crecido pero no siempre respetuoso del derecho de guerra, nos cayó la bonanza minera y energética que hoy constituye la principal (y en efecto es la única) de las “locomotoras” que jalonan el crecimiento económico colombiano.

No diré yo que la “bonanza” no sea buena, pero sí que el karma nuestro la está convirtiendo en gasolina del conflicto interno –los conflictos internos– que traíamos. Por eso temo que estamos entrando en una nueva guerra o, por mejor decir, en la guerra renovada, reeditada y reextendida al favor, al calor y a la luz de las nuevas riquezas mineras y energéticas.

Como una mutación de la bacteria que se instala sobre los tejidos que le son vulnerables, la bonanza de ahora parece estar alimentando, diría yo, cinco tipos principales de violencia que se dan o se mezclan en las regiones productoras:

1. Hay la más obvia de los actores armados y los bandidos de todos los pelambres, crecientemente dedicados a explotar la minería o los mineros, porque el oro es mucho más rentable que la droga, porque es legal y lava los activos, o porque se han encontrado yacimientos de coltán. Sin ir más lejos, el presidente Santos un día denunció a las bacrim que están parasitando la minería de Córdoba y otro día a las Farc que hacen lo mismo con las minas del Huila, mientras en la Orinoquía hay una fiebre y muertos por cuenta del coltán.

2. Hay la de los pequeños mineros del oro o el carbón que desde siempre han malvivido de los ríos y los suelos y que, ahora que los precios subieron, son expulsados manu militari y a veces por acción de los gobiernos locales que por fin se acordaron de hacer cumplir las normas del Código de Minas. Por ejemplo el alcalde de Suárez, en el Cauca, ordenó el desalojo de los micromineros, tal vez para darle el campo a una empresa extranjera, y en todo caso agudizó el conflicto que sufre la región.

3. Hay la de los grandes proyectos ubicados en territorios étnicos, que no solo amenazan el ambiente sino el modo de vida y los derechos de las comunidades, ya de por sí sujetas a la agresión de los viejos actores armados. Los habitantes del Alto Atrato, por ejemplo, recibieron 73.000 hectáreas del gobierno, 55.000 de las cuales ya estaban adjudicadas a una multinacional que operará en terrenos “sagrados” de los emberas.

4. Hay la de los pozos petroleros en zonas “recuperadas” por el gobierno Uribe, donde vuelven y se inventan las corrientes migratorias, los conflictos laborales y la “acción popular” de las guerrillas que ayer se dieron en Santander o en Arauca. Las protestas que en estos días paralizaron la producción de dos pozos en Puerto Gaitán o de otros dos en Barranca de Upía son una muestra clara de este reinvento.

5. Hay la de los agentes de seguridad privada, o la cooptación de la policía local, o el pago de vacunas a los grupos armados ilegales, o la creación de cuerpos paramilitares que las empresas mineras o energéticas requieren para llevar a cabo sus actividades. Aunque la información o las pruebas al respecto no abundan, en la memoria está el famoso episodio de la Mannesmann y más frescos están los incidentes de Chiquita.

Tener recursos naturales es una bendición, y una bonanza bien manejada puede ser el despegue económico y social para un país. Pero también existe “la maldición de los recursos”, las bonanzas minero-exportadoras que en un país tras otro destruyen el ambiente, arrasan con la industria, acaban los empleos, concentran la riqueza y aumentan la corrupción.

Algo de todo eso está ocurriendo en Colombia, y de por sí sería motivo suficiente para pensar en serio hasta dónde y cómo debe seguir andando la gran locomotora. Y si ello no bastara, pensemos por lo menos que llevamos un karma y que la nueva guerra está a la vuelta de la esquina.


lunes, 12 de diciembre de 2011

¿CÓMO SE DEBE ESCRIBIR?

Como se debe escribir, quien debe escribir, porque se debe escribir, estoy seguro que para nada de esto encontrara respuesta alguna en este texto(Si está buscando una tarea y GOOGLE lo mando acá, por favor no siga leyendo), como lo hacen aquellas grandes cadenas de televisión como Discovery Channel y History Channel, con sus estruendosos títulos de sus documentales que solo llaman a televidente, guardar una trama durante dos horas y al final solo dejar al ser humano con otra de los miles incógnitas sin respuestas que los “atormenta” día a día.

En realidad no son muchas las personas que se entregan a la escritura o a la lectura, quizás sea porque tuvieron una experiencia negativa como yo, que todos los profesores de español que tuve en el colegio me profesaron odio, y que cada vez que se burlaban de mi mala ortografía yo solo les decía que para eso estaba Word, en fin, me pregunte que si una persona como yo tiene derecho a escribir, que no sabe de estilos ni formas, he decidido escribir al estilo “Santandereano”, lo describiría como un estilo tosco sin muchos matices, el cual expresa de manera sencilla lo que se viene a la mente, “frentero mano”.

Ahora sabiendo que puedo escribir y que tengo un estilo definido, nace una gran pregunta, ¿Por qué escribir?, es extraño pensar en hacer algo que como recompensa no vaya ser algo relacionado con sexo ; estudio, trabajo, salidas sociales, deporte, todo va enfocado al fin último de toda especie, dejar su genética para la siguiente generación, nadie puede negar que el primer fin es el dinero, pero es dinero es solo una muestra de estatus para obtener mas mujeres, y en el caso de las mujeres para obtener más hombres o a los mejores, los hombres si solo buscamos más mujeres.

Esta necesidad de escribir es totalmente apartada de aquel fin último de la especie, es una necesidad mas grande, es una necesidad que no tienen las demás especies, la necesidad de hacer saber lo que se piensa, es la necesidad de comunicación, es verdad que como dice HITLER en su libro Mi Lucha, “Yo sé que los partidarios conquistados por medio de la palabra escrita son menos que los conquistados merced a la palabra hablada”, pero no todos tenemos la oportunidad de hablar frente a grandes masas y aquellos que tienen la oportunidad solo lo hace para mentir, mentir y mentir.

En conclusión todos nacemos con la necesidad de comunicar, es posible que todos no lo hagan escribiendo o frente a grandes multitudes de personas, pero debe preocuparse si no tiene ninguna manera para saciar esta necesidad, porque seguramente usted será de otra especie.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Para aquellos que nos gusta y no les gusta la literatura de Paulo Coelho

Por qué es tan malo Paulo Coelho

Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países, con más de 54 millones de libros vendidos, a Paulo Coelho hay que reconocerle al menos una virtud: es una mina de oro para sí mismo y para las editoriales. En su libro de mayor éxito, El alquimista (1988), un pastor de ovejas andaluz viaja hasta las pirámides de Egipto en busca de un tesoro. Antes de llegar a su destino se encuentra con el gran mago que posee los dos pilares de la sabiduría alquímica, es decir, sabe destilar elelíxir de la larga vida y ha fabricado un huevo amarillo, la piedra filosofal, con cuya ralladura se puede convertir en oro cualquier otro metal.

En su viaje hacia las tumbas de los faraones el alquimista le ha revelado al muchacho otro secreto: “Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando”. Luego le explica que si no todos encontramos este tesoro personal, es porque “los hombres ya no tienen interés en encontrarlo”. Sospecho que muchos desgraciados se consuelan creyendo semejante ingenuidad. Vista descarnadamente, es sólo una simpleza o una pía ilusión. Sin embargo hay algo que tenemos que conceder, y es que sin duda Paulo Coelho encontró su propio tesoro, en cierto sentido su piedra filosofal: la ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa se convierte —como por arte de magia— en oro editorial, en millones de copias de consumo masivo de mediocridad. Pero ¿cómo lo hace? ¿Y por qué, siendo un escritor tan rudimentario en el uso del lenguaje, tan pobre en el pensamiento y tan elemental en sus recursos estilísticos, consigue tocar la sensibilidad de tanta gente?
No voy a dar la respuesta más obvia e inmediata, la que todos dan: Si Coelho vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos, esto se debe precisamente a que sus libros son tontos y elementales. Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto. Claro que en los millones de ejemplares vendidos hay algo de esto. Pero también existen muchísimos libros tan malos como los de Coelho que no tienen ningún éxito y, al contrario, hay unos cuantos libros excelentes y literariamente impecables que se venden por millones. En vez de tranquilizarnos con respuestas facilistas y tautológicas (el vulgo es vulgar, el mercadeo vende), conviene examinar con cuidado los libros de Coelho y no desdeñarlos de entrada con altivo esnobismo. Me he impuesto el ejercicio de leerlos para tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial.
La primera respuesta que me di, apenas empezando la lectura de algunos de sus libros, fue que quizá Coelho disfrazaba de misterio y asombro las puras tonterías. Oigan esta, por ejemplo: “Era un día caluroso y el vino, por uno de estos misterios insondables, conseguía refrescar un poco su cuerpo”. De verdad, qué misterio insondable que un líquido quite la sed. Después me di cuenta de que sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
Para empezar, los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales. Ya Thomas Hobbes en su clásicoLeviatán (1651) señalaba la irresistible atracción (y por lo tanto el fácil engaño) que padecemos los seres humanos ante todo tipo de presagios. Es una tradición muy antigua (una socorridísima mina de oro, unapiedra filosofal) explotar esta debilidad de nuestra psicología. Copio el resumen que hace Hobbes de estos engaños, el cual es preciso y exhaustivo, y parece a su vez un resumen de las técnicas de seducción esotérica que Coelho utiliza en sus libros:
“Así se hizo creer a los hombres que encontrarían su fortuna en las respuestas ambiguas y absurdas de los sacerdotes de Delfos, Delos,Ammon y otros famosos oráculos, cuyas respuestas se hacían deliberadamente ambiguas para que fueran adecuadas a las dos posibles eventualidades de un asunto (...). A veces en las frases desprovistas de significado de los locos, a quienes se suponía poseídos por un espíritu divino: a esta posesión se la llamaba entusiasmo, y a estos modos de predecir acontecimientos se les denominaba teomanciao profecía. A veces en el aspecto que presentaban las estrellas en su nacimiento, a lo cual se llamaba horoscopia. A veces en sus propias esperanzas y temores, en lo llamado tumomancia o presagio. A veces en las predicciones de los magos, que pretendían conversar con los muertos, a lo cual se llamaba nigromancia, conjuro y hechicería, y no es otra cosa sino impostura y fraude. A veces en el vuelo casual o en la forma de alimentarse las aves, lo que llamaban augurio. A veces en las entrañas de los animales sacrificados, a lo que llamaban aruspicina. A veces en los sueños; a veces en el graznar de los cuervos o el canto de los pájaros. A veces en las líneas de la cara, a lo que se llamabametoposcopia; o en las líneas de la mano, palmis­teria; o en las palabras casuales, omina. A veces en monstruos o accidentes desusados, como eclipses, cometas, meteoros raros, temblores de tierra, inundaciones, nacimientos prematuros y cosas semejantes, lo que se llamaba portenta y ostenta, porque parecían predecir o presagiar alguna gran calamidad venidera. A veces en el mero azar, como en el acertijo de cara y cruz, en el juego de elegir versos de Homero y Virgilio, y en otros vanos e innumerables conceptos análogos a los citados. Tan fácil es que los hombres crean en cosas a las cuales han dado crédito otros hombres; con donaire y destreza puede sacarse mucho partido de su miedo e ignorancia”.
Veamos de qué manera, “con donaire y destreza”, Paulo Coelho le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia. Me limitaré inicialmente a El alquimista, su obra más leída, pero el mismo procedimiento se puede rastrear en otros libros suyos. El pastor de ovejas andaluz, al principio del cuento, tiene un sueño y va donde una adivina para hacérselo interpretar. Qué deleite; la gitana no sólo le interpreta el sueño (“los sueños son el lenguaje de Dios”) sino que también le lee la mano. Los sueños del protagonista son el leitmotiv del libro, y es a través de ellos como poco a poco se acerca a su tesoro en el periplo Andalucía-Pirámides-Andalucía.
Para que un mago cobre prestigio como persona capaz de predecir el futuro, mucho le conviene obrar el prodigio de adivinar el pasado. Éste es el paso siguiente en el libro de Coelho: un adivino escribe sobre la arena los episidios más significativos del pasado del joven protagonista, incluyendo la primera vez que se hizo la paja. Cabe aclarar que esta íntima revelación se expresa con palabras mucho más recatadas: “Leyó cosas que jamás había contado a nadie, como (...) su primera y solitaria experiencia sexual”.

El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro. Les copio algunos ejemplos: “Cuando deseas alguna cosa, todo el Universo conspira para que puedas realizarla”; “La vida quiere que tú vivas tu Leyenda Personal”; “Todo es una sola cosa”; “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras”; “Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir: sólo hay que leer lo que Él escribió para ti”; “Cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las cosas”. Pero además de este tipo de enseñanzas baratas, de seducción infalible a pesar de su pésimo gusto intelectual, el uso de la magia tradicional también va apareciendo capítulo tras capítulo. Así, el protagonista, al promediar el libro, “acompaña con los ojos el movimiento de los pájaros”. Mira las aves: “De repente, un gavilán dio una rápida zambullida en el cielo y atacó al otro. Cuando hizo este movimiento, el muchacho tuvo una súbita visión: un ejército, con las espadas desenvainadas, entraba en el oasis”. Es el clásicoaugurio, aunque bastante tosco, pues en vez de descifrar el acertijo del vuelo de los pájaros, al pastor le basta verlo para tener visiones.

Hay un ingrediente adicional que hace más eficaz el recurso al pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianimo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro... El público mayoritario no se siente en pecado porque lee herejías, y el narrador, al tiempo que se hace pasar por alguien dotado de poderes paranormales (capaz incluso de telepatía), deja saber que él es también un buen cristiano, a pesar de sus coqueteos con la magia.
Hasta aquí algunos elementos temáticos que ayudan a entender, en parte, el favor de Coelho entre los lectores. Pero además de lo temático, conviene señalar también algunas estrategias narrativas del autor brasileño. Sus técnicas para ir tejiendo la trama son tan elementales que me recordaron de inmediato el estudio clásico sobre las formas canónicas del cuento infantil. Vladimir Propp, uno de los padres de la narratología, publicó en Leningrado su monumental Morfología del cuento infantil (1928). El principal mérito de este gran trabajo consiste en haber hallado, por encima de los argumentos superficiales de cada cuento, una serie de elementos formales repetitivos. Mirados al microscopio, es posible descubrir que en todos los cuentos de hadas los personajes, por distintos que sean, acometen siempre las mismas acciones, se ven envueltos en situaciones o “motivos” análogos. Como señala Propp, “cambian los nombres de los personajes, pero no sus acciones, o funciones, por lo que se puede concluir que el cuento le atribuye operaciones idénticas a personajes distintos”.
No voy a decir que Coelho leyó a Propp, estudió cuáles son las “funciones” más elementales del relato tradicional descubiertas por el ruso, y con esta receta se dedicó a escribir el oro en polvo de sus novelas. Eso sería muy sofisticado. La cosa es más simple: Coelho usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil. Tomen ustedes cualquiera de los libros de Coelho y verán lo fácil que resulta identificar situaciones como las siguientes, señaladas por Propp en su Morfología: “El héroe abandona la casa”; “el héroe es puesto a prueba o interrogado”; “el héroe se pone en contacto con alguien que le dará un don”; “el héroe recibe un objeto mágico”; “el héroe cae en desgracia”; “el héroe se traslada o es llevado al lugar donde está el objeto de su búsqueda”; “el héroe lucha con un antagonista”; “el héroe regresa”; “el antagonista es castigado”; “el héroe se casa y sube al trono (u obtiene grandes riquezas)”.
Es inútil cansarlos con los ejemplos detallados en que las historias de Coelho parecen calcar literalmente estos esquemas elementales. Les puedo asegurar que, al menos en sus primeros libros, el brasileño repite paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo (y éstos sí que son pronósticos: Propp no sólo describió la tradición popular, sino que anticipó las recetas de un gran éxito editorial).
Los libros más recientes de Coelho, por ejemplo el último, Once minutos (2003), son un poco menos rudimentarios que aquellos primeros títulos que lo lanzaron a la fama. En este caso la trama, nutrida por algunos elementos realistas (para esta novela Coelho usó el testimonio de prostitutas existentes), es menos infantil, menos predecible. En todo caso es posible que el inevitable desencanto que viene con los años haya hecho que este último libro de Coelho sea menos ingenuo. Pero el buen gusto estético e intelectual es muy difícil de adquirir, y por lo mismo Once minutos (el cálculo de Coelho de lo que dura un coito), aunque menos esquemático, es un libro incluso más cursi que los anteriores. No quiero afirmar nada que no pueda demostrar con citas textuales. ¿Cuántos ejemplos necesitan para convencerse de la irremediable cursilería de Once minutos? Podría usar un número mágico, de esos que les encantan a los autores de cuentos infantiles, siete, o tres. Para no exagerar, me voy a limitar a tres momentos:
1. La protagonista (prostituta brasileña que trabaja en Suiza, y la sola situación es ya de un sentimentalismo telenovelesco), se encuentra con un pintor joven que la invita a su casa. Ella observa que la casa es grande y está vacía. Entonces concluye: “Debía de tener dinero de verdad. Si estuviese casado no osaría hacer aquello porque siempre había gente mirando. Entonces era rico y soltero”.
2. En el final feliz de la novela este mismo pintor se le aparece a la muchacha con flores: “Ralf llevaba un ramo de rosas, y los ojos llenos de luz que ella había visto el primer día, cuando la pintaba”.
El rico y soltero que en la última página se aparece con un ramo de rosas y se lleva a la muchacha a conocer París es una situación tan perfectamente cursi que, por kitsch, creo que ni Corín Tellado se atrevería a ponerla en una fotonovela. Pero al promediar el libro hay otro momento todavía peor:
3. La prostituta le hace un regalo al pintor del que se empieza a enamorar. Abre el bolso y busca su bolígrafo. Dice: “Tiene un poco de mi sudor, de mi concentración, de mi voluntad, y ahora te lo entrego. (...) Tú tienes mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”.
Fuera de la ridiculez de la frase, que es única, hay algo todavía más perturbador: al leerla uno se imagina que el autor está copiando aquí su propia vida. Me parece ver la escena; el multimillonario que ha vendido 54 millones de ejemplares con tantas revelaciones de su estro poético, le muestra a una muchacha el objeto mágico (y fálico) con que la va a conquistar. Le dice, pensando ya en el colchón de la suite que los espera: “Te entrego mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”. Debe tener un bolígrafo para cada día, cada hotel y cada viaje. Y algo más triste: seguramente algunas víctimas, igual que miles de lectores, se dejarán conquistar con semejante frase y semejante halago. Claro que esto último es lo único que no puedo demostrar de todo lo que he dicho sobre Coelho en este artículo. Esta última situación tan sólo la supongo y es sólo una hipótesis sin fundamento, producto de una mente malpensada; todo lo demás lo he tomado directamente de sus libros.

Copiado de :http://elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1413&pag=1&size=n

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LOS COLOMBIANOS NO TOMAMOS EL MEJOR CAFÉ DEL MUNDO

Lastimosamente los colombianos promedio no están en el selecto grupo de personas que puede disfrutar del aroma y sabor del mejor café que se cosecha en el mundo, se tendrán que conformar con las infinitas mezclas de café cosechado en Colombia con café importado de Ecuador, Brasil, Guatemala, Perú y México, que hacen las empresas tostadoras que satisfacen la demanda en el mercado nacional, porque el colombiano promedio no está en la capacidad económica de pagar los altos precios del único café cien por ciento colombiano que tiene a la mano, así lo dijo Luis Genaro Muñoz, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, “El consumidor colombiano hoy tiene diferentes opciones. Puede tomar café Juan Valdez, 100% nacional, o puede escoger cafés que son mezclados”; el café Juan Valdez tiene una gran variedad de clases de café, de los cuales el de menor valor es de 10000 pesos colombianos el kilo, cuando un colombiano del común está acostumbrado a pagar en una tienda por un kilo de café (mezclado) hasta por 3000 pesos colombianos, y si quisiera pagar por café Juan Valdez tendría que hacer grandes sacrificios.

Al echarle una breve mirada a la información estadística histórica que aparece en la página web de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, uno se puede dar cuenta de que prácticamente todo el café que se produce en territorio nacional se utiliza para las exportaciones dejando solo el necesario para producir las ya mencionadas mezclas por las empresas tostadoras, claro está que esta información no está explicita en las cuentas, uno se da cuenta al comparar la producción anual de sacos de café con la exportación anual de sacos de café, por ejemplo, en el año 2008 se cosecharon 11,47 millones de sacos de 60 kilos de café verde equivalente en Colombia, de los cuales se exportaron 11,08 millones de sacos de 60 kilos de café verde equivalente, lo cual indica que aproximadamente un 96.57% del café que se cosecha en Colombia se exporta hacia otros países dejando tan solo un 3.43% para el consumo nacional; los tres mas grandes importadores de café colombiano en el presente son Estados Unidos con 3,17 millones de sacos importados en el 2009, Japón con 1,28 millones de sacos importados en el 2009 y Bélgica con 0,51 millones de sacos importados en el 2009 , consumiendo en el 2009 entre ellos tres un 63.09% del total de café que exportan los caficultores colombianos que fueron 7,89 millones de sacos de café.

Pero acaso, ¿En Colombia desde siempre se había importado tanto café para satisfacer la demanda nacional?, en realidad estas importaciones comenzaron desde mediados de octubre del año 2004 cuando Colombia otorgo permisos de importación de café a la Dian y el ICA, pero estas importaciones crecieron de una manera exponencial en el año 2009, en donde el presidente de la Asociación de Exportadores de Café, Asoexport, Jorge Lozano, justifico la baja diciendo “esas importaciones se justifican porque venimos de una cosecha mala en el 2009, que aún no se ha recuperado en el presente año”, pero este bajón en las cosechas también se podría asociar con la caída en la bolsa de los Estados Unidos, siendo este el mayor país al que Colombia le exporta café, una cantidad de 4,16 millones de sacos de 60 kilos de café verde equivalente fueron importados por Estados Unidos en 2008 de los 11,08 millones de sacos de 60 kilos de café verde equivalente que exporto Colombia en ese año, lo que implica que al estar ellos mal económicamente no van a demandar la misma cantidad que demandaban antes del déficit económico, además este es un fenómeno agravante porque ya no iban a entrar los mismos dineros de inversión hacia los caficultores para soportar la inclemencias del clima que vivía en Colombia en ese momento, con las fuertes lluvias y grandes sequias en diferentes lugares del país debidas al fenómeno del Niño que impedían que al producción fuese la misma que antes.

La mala noticia es que todo indica que las cosas no van a mejorar, que van a seguir de la misma manera que en 2009, porque al ver el reporte de la producción del año 2010 hasta el mes de julio se observa que van 4,82 millones de sacos de café cosechados, exactamente la misma cifra registrada en el año 2009 hasta el mes de julio, y mucho menor a la registrada en el 2008 la cual fue 7,00 millones de sacos de café hasta el mes de julio, son 2,18 millones de sacos de café menos; lo único que puede significar esto para el consumidor promedio colombiano es un alza en los precios del café, para entenderlo solo hay que tener en cuenta que ahora va haber mucho menos café que antes, y va haber la misma o mucha más demanda que la de hace unos cuantos años, analizándolo desde el punto de vista microeconómico, el mercado por ley de demanda y ley de oferta ajustara los precios, al haber poca cantidad a ofrecer y mucha demanda que abastecer, se va a producir un exceso de demanda, lo que hará a los demandantes recapacitar y bajar su demanda aceptando un mayor precio; lo que en resumen se verá reflejado en los bolsillos de los empedernidos bebedores de café.

La mayoría de los colombianos no se percatan de esta situación y toman su café pensando que se están tomando el mejor café del mundo, el café colombiano, pero en realidad se están tomando una mezcla de cafés de hasta 3 o más países, pasa como el viejo y reconocido refrán, “casa de herrero, cuchara de palo”, nuestros caficultores prefieren exportar la mayor cantidad posible de café hacia países que lo pueden pagar mucho más caro que el colombiano del común, esto abre un gran foco de discusión, el consumidor colombiano se sentirá rechazado al leer esto, y pensara: “¿Cómo es posible que nuestro café se disfrute en el resto del mundo pero no aquí, en Colombia?”, esto no tiene nada de malo si se mira desde el punto de vista empresarial, como se sabe, el objetivo de todo empresario es maximizar sus beneficios, si el precio de un producto aumenta, “ceteris paribus”, la oferta del producto también aumentara, en este caso “ceteris paribus” aplica perfectamente, podemos analizar este caso si lo miramos de la siguiente manera, primero tenemos que la oferta total de café la vamos considerar constante, aunque España pida 15 millones de sacos de café o Estados Unidos pida 20 millones de sacos de café, Colombia no lo puede cubrir, su infraestructura y su mano de obra no podrá responder a tan grande demanda, por eso la consideramos constante, existirían básicamente dos sectores que demandaran café, el sector nacional y el sector internacional que estará compuesto por todos los países a los que Colombia le exporta café, cada uno de ellos tendrá una curva de oferta especifica en donde la cantidad ofertada de café aumenta proporcionalmente con el precio del café, si el precio del café es mucho mayor en el sector internacional entonces habrá una mayor oferta de café hacia el exterior, por la otra cara de la moneda, en el sector nacional, en Colombia, el precio por el café es mucho menor, ya sea por costos de trasporte, por la alta competencia de caficultores con la misma calidad dentro del país o por la razón que sea, lo importante es que en Colombia se paga menos cantidad de dinero por un saco de café que la que paga algún país al que se le exporte, lo que lleva que el empresario se lleve su café para el exterior en donde es mucho mejor pagado y por lo tanto va a obtener mucho más beneficio, mostrando así el porqué en el año 2008 solo un 3.43% de la producción se destino para el consumo colombiano, y el restante 96.57% para el sector extranjero, y para decirle al colombiano del común que los empresarios no los discriminan, son solo las leyes de la economía que tienen muchos años perfeccionándose en el mercado y que el presente arrojan estos resultados al ponerse en práctica en economías como la de Colombia.

Agosto, 2010

¿VALE LA PENA ACABAR CON UNA HISTORIA DE 120 AÑOS?

Durante los últimos seis años nos han recordado una y otra vez el nivel “Muy Superior” que conserva nuestro colegio desde hace varios años, pero muchos dirán, la historia no sirve de nada, la historia es solo el consuelo del que poco puede dar en el presente, pero yo lo veo de otra forma, la historia es la merecida recompensa de lo bueno que se ha hecho con anterioridad, la historia del Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata, se debe que durante 120 años ha dado a la sociedad bachilleres excelentemente preparados, tanto personas intelectualmente capacitadas para enfrentarse a la vida, como personas llenas de valores y de buenas cualidades que hagan que tengamos una sociedad cada vez más funcional.


Los estudiantes del Instituto Técnico Superior Dámaso Zapata somos los responsables que el colegio siga siendo lo mejor de Bucaramanga; tengamos presente el pensamiento de Confucio, ”La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos”[1]; todas las personas tenemos características similares en el momento en que nacemos, tanto físicas como psicológicas, pero el aspecto que marca las grandes diferencias entre los seres humanos es el tipo de educación que tengamos, surtiendo el mismo efecto del modelo capitalista del actual mundo globalizado, separar a las personas por clases sociales, ricas o pobres, los que estudian o los que no; pero lo bueno de todo esto es que uno mismo es el que escoge, el destino no esta escrito, nosotros lo escribimos en cada momento y decidimos que rumbo cogemos, en un futuro cada cual es libre de contar que durante su estadía en el colegio finiquito con una historia que durante de 120 años había estado firme e inamovible, o por el contrario la alargo un año mas.


Mi llamado es para los estudiantes que amamos este Instituto, porque cada uno de nosotros es el responsable de que nuestro colegio sea lo mejor de Bucaramanga, no dejemos en manos de nuestros compañeros lo que debemos hacer cada uno de nosotros, salgamos del montón que nos llama a la mediocridad, que no nos dé miedo dar el primer paso, porque de cobardes esta lleno el mundo y ellos son los destinados a una vida llena de derrotas; no hay que darle la razón a las personas que dicen que la llegada de las niñas “daño” el colegio, por que por lo menos en mi salón, los mejores estudiantes del curso son mujeres; otra cosa, muy diferente, es que muchos compañeros, incluyendo hombres y mujeres, solo se preocupan por pasar el momento tratando de agradarles a los llaman sus “amigos”, pensando solo que si mis amigos cachan clase, entonces yo también cacho clase, que si mi amigo no hace trabajos, yo tampoco hago trabajos, porque lo peor que les puede pasar es ser diferente.


Tengamos presente que el buen alumno no es el que mas le “lamba” al profesor, no es el que hace todo lo que dice el profesor, él es el que supera al maestro, así lo decía Estanislao Zuleta, "Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno; ni es bueno el maestro"[2] , arriesguémonos a jugar, entremos en el juego de superar al maestro, recordemos que una historia de 120 años esta en sus manos.


Ahora repito mi pregunta, ¿vale la pena acabar con una historia de 120 años?, solo me queda por recordarles que no existen imposibles, por lo tanto cada cual es lo que quiere ser, será que ¿queremos seguir siendo el mejor colegio de Bucaramanga?, cada cual escoge y cada cual recibe los frutos de su elección; y como dijo una vez Manero, "La verdadera educación de un hombre comienza varias generaciones atrás"[3].




[1] CASTRO MAESTRE, Maria del Mar, Manual de educación, Saber para crecer editores, Pág. 4.

[2] MARQUILES, Donald, Historia de una vida, Madrid, Pág. 5.

[3] MANERO, Diálogo de Manero.

Noviembre, 2008